#80 España se tiñe de rojo (y de púrpura, aunque todavía no lo sepas)

El sentido de pertenencia es uno de los mayores deseos del corazón humano

Brené Brown


Ayer ocurrió algo curioso. 

Miles de personas se reunieron delante de una televisión para ver a la Selección Española disputar las semifinales del Mundial. Hasta aquí nada nuevo, pero lo realmente interesante vino después. 

Personas que apenas siguen el fútbol organizaron cenas con amigos. Familias que rara vez coinciden encontraron una excusa para reunirse. Compañeros de trabajo comentaban la alineación durante el café. Grupos de WhatsApp que normalmente permanecen en silencio empezaron a llenarse de mensajes. Los bares y las plazas se vistieron de rojo. Durante un par de horas parecía que todo el país compartía una misma conversación y prestaba atención a lo mismo. 

Y entonces, surge una pregunta: ¿qué es exactamente lo que celebramos cuando juega la Selección?

Probablemente, no sea solo fútbol. Desde la mirada de los paradigmas organizacionales podríamos decir que, aunque España se tiña de rojo, el color que realmente emerge bajo eso es el púrpura. 

El púrpura representa el paradigma de la tribu. Es el lugar donde necesitamos sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos, donde dejamos de pensar en el “yo” para empezar a hablar de “nosotros”. 

Eso fue precisamente lo que ocurrió ayer. No importaba demasiado si alguien desconocía el fuera de juego o si era capaz de nombrar a los once jugadores titulares, lo importante era estar. 

Quizá por eso el deporte consigue algo que muchas organizaciones llevan persiguiendo: generar un auténtico sentido de pertenencia. 

Cuando aparece la tribu

En las organizaciones hablamos constantemente de compromiso, cultura, trabajo en equipo o liderazgo. Sin embargo, pocas veces ponemos el foco en una necesidad mucho más profunda: la necesidad humana de pertenecer. 

Cuando una organización consigue despertar esa sensación de “este también es mi lugar”, empiezan a ocurrir cosas muy parecidas a las que vimos ayer alrededor del Mundial. Los logros se celebran como propios, las dificultades se afrontan colectivamente y las personas dejan de limitarse a cumplir tareas para empezar a cuidar el proyecto como si también les perteneciera

La tribu no se construye únicamente compartiendo objetivos, sino compartido el significado de lo que hacemos y el por qué lo hacemos. 

Por eso las organizaciones con culturas más sólidas no son necesariamente las que tienen los mejores procedimientos o las estructuras más sólidas. Son aquellas que han sabido crear símbolos, rituales, espacios de encuentro e historias que fortalecen el vínculo entre las personas. 

La verdadera tribu nace cuando pasamos del “ellos” al “nosotros”. 

La otra cara del púrpura

Como ocurre con todos los paradigmas, el púrpura también tiene sus sombras.

Cuando el sentimiento de pertenencia deja de ser un espacio de encuentro y se convierte en una frontera, aparece el tribalismo. Empieza a existir un “nosotros” demasiado cerrado y un “ellos” cada vez más lejano. Cuesta aceptar lo diferente, se desconfía de quien llega nuevo y la identidad acaba pesando más que la curiosidad.

En el fútbol es fácil reconocerlo. La pasión puede transformarse en enfrentamiento. La defensa de unos colores puede terminar justificando comportamientos que jamás aceptaríamos en otros contextos.

Las organizaciones tampoco son ajenas a este riesgo. Equipos que solo colaboran entre quienes consideran “de los suyos”, departamentos enfrentados, culturas tan cerradas que dificultan la incorporación de nuevas personas o proyectos que dejan de aprender porque creen que ya poseen todas las respuestas.

La tribu, entonces, deja de unir para empezar a separar y a aislar.

Lo que las organizaciones podemos aprender del Mundial

Después de lo que hemos vivido, y lo que está por vivir este próximo domingo, merece la pena detenernos unos minutos a observar lo que ha sucedido estos días. 

El Mundial nos recuerda que las personas necesitamos sentir que formamos parte de algo que tiene sentido y que, más allá de nuestras diferencias, nos hace encontrarnos en un punto común. 

La pregunta que podríamos llevarnos a nuestros equipos es muy sencilla: ¿qué hace que una persona quiera ponerse la camiseta de un proyecto/de nuestra entidad?

No porque figure en su contrato ni porque alguien se lo pida, sino porque siente que ese proyecto o su entidad también habla de ella. 

Y, aunque ayer el motivo fuera un partido de fútbol, lo que realmente celebrábamos era algo mucho más antiguo que cualquier Mundial: nuestra necesidad de hacer tribu.

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Consorcio Andaluz de Impulso Social, Pilar Lopez 15 de julio de 2026
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